Historias del Riesgo · Episodio 5
La Mona Lisa, el cuadro que no tiene seguro.
Jose Llorente · 29 de octubre de 2026
París, 21 de agosto de 1911. Vincenzo Peruggia, un operario italiano que había trabajado en el Louvre, descuelga la Mona Lisa y se la lleva. Nadie la echa de menos hasta el día siguiente. El cuadro no aparece hasta diciembre de 1913, en Florencia, cuando Peruggia intenta venderlo. El robo la convierte en una estrella mundial.
Medio siglo después, Francia la presta a Estados Unidos. Se expone en Washington y luego en Nueva York, en el invierno de 1962-63. Antes del viaje la tasan para el seguro en 100 millones de dólares, la mayor tasación de seguro de un cuadro según el Guinness.
La póliza no se llegó a contratar. La máxima seguridad costaba menos que las primas, y Francia prefirió invertir en protegerla. Hoy sigue igual: el Estado francés es su propio asegurador. El cuadro no se vende y nada podría sustituirlo.
Llevo años en siniestros y esta historia me parece la mejor forma de explicar algo que veo a menudo. En una póliza de hogar, las joyas y las obras de arte suelen tener límites propios. Si no se declaran y se tasan antes, después del siniestro ya es tarde: sin una tasación previa es muy difícil demostrar lo que valían, y la indemnización se queda en lo que estaba asegurado.
Francia sabía muy bien lo que valía su cuadro y decidió cómo protegerlo. Esa decisión, en casa, también hay que tomarla antes.
La Mona Lisa puede permitirse no tener seguro. Tus joyas, probablemente no.
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