Historias del Riesgo · Episodio 2
Un telegrama de una sola línea compró lo único que el dinero no puede comprar
Jose Llorente · 17 de septiembre de 2026
San Francisco, 18 de abril de 1906. La tierra tiembla menos de un minuto, pero lo que destruye la ciudad son los incendios: tres días ardiendo y más del 80 % de los daños.
El problema: las pólizas de incendio excluían el terremoto. ¿Qué había derribado cada edificio, el temblor o el fuego? De esa respuesta dependían millones. Hubo aseguradoras que ofrecieron pagar 75 céntimos por dólar. Más de una docena quebraron.
Y entonces Cuthbert Heath, asegurador de Lloyd's, mandó a su agente un telegrama que hoy es leyenda en este sector:
«Paguen a todos nuestros asegurados íntegramente, digan lo que digan sus pólizas».
Le costó una fortuna. Y compró confianza para un siglo.
Esa discusión la he tenido muchas veces, con otros nombres y otras pólizas: qué causó el daño. Es una pregunta legítima y hay que responderla con rigor. Pero Heath entendió algo que sigue vigente: cuando el asegurado lo ha perdido todo, cada semana de discusión sobre la causa le cuesta más a la aseguradora en confianza de lo que le ahorra en indemnización.
120 años después, la lección sigue intacta: una póliza vale lo que vale en su peor día.
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