Historias del Riesgo · Episodio 7
El primer seguro de coche salió de una póliza de caballos.
Jose Llorente · 15 de octubre de 2026
Massachusetts, 1897. Gilbert Loomis conduce un coche que ha construido con sus propias manos y descubre un problema que nadie había tenido antes: si atropella a alguien, lo paga todo él. El seguro de coche todavía no existe.
En la aseguradora Travelers improvisan. Cogen una póliza de caballos y carruajes, tachan una palabra y escriben «automóvil». Mil dólares de cobertura por siete dólares y medio. Acaba de nacer el seguro del automóvil.
El contexto lo explica todo: hacia 1900, en Estados Unidos había unos 4.000 coches y más de 20 millones de caballos. El gran riesgo de un coche, entonces, era espantar a los caballos.
En Londres pasó algo parecido. Cuando pidieron a Lloyd's asegurar un coche, sus suscriptores solo sabían de barcos, así que redactaron la póliza describiendo el coche como «un barco que navega por tierra».
Llevo años en siniestros y esta historia me recuerda algo que se repite cada vez que aparece un riesgo nuevo: un dron, un patinete eléctrico, una IA. La primera póliza casi nunca se escribe desde cero. Se escribe tachando una palabra de la anterior. Y funciona, hasta que el riesgo nuevo deja de parecerse al viejo.
Hoy el seguro del automóvil es de los más contratados del mundo. Y empezó como empiezan casi todos: adaptando lo conocido a lo desconocido.
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