Historias del Riesgo · Episodio 8
El Hindenburg ardió en 34 segundos y cerró una industria.
Jose Llorente · 23 de octubre de 2026
Lakehurst, Nueva Jersey, 6 de mayo de 1937. El Hindenburg, el dirigible más grande jamás construido y casi tan largo como el Titanic, se acerca al mástil de amarre. Llevaba más de treinta travesías del Atlántico sin un solo incidente.
Durante la maniobra se incendia y en 34 segundos arde entero, delante de las cámaras de los noticiarios. De las 97 personas a bordo mueren 35, y también un trabajador de tierra.
El casco estaba asegurado en el mercado de Lloyd's por seis millones de marcos. Los aseguradores pagaron la indemnización completa.
Lo que ninguna póliza cubría era la confianza del público. Las reservas se hundieron y los zepelines no volvieron a llevar pasajeros. Un solo siniestro, que se vio en los cines de medio mundo, acabó con una industria entera.
Llevo años en siniestros y uso este caso para explicar algo que fuera del sector cuesta transmitir. La indemnización repone lo que se ha perdido en el balance. La reputación, la confianza de los clientes o un modelo de negocio que deja de funcionar se quedan fuera de cualquier cheque.
Por eso, al valorar un siniestro grave, conviene mirar también lo que viene después del pago.
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