Historias del Riesgo · Episodio 6
El seguro no lo inventó una compañía. Lo inventó una caravana.
Jose Llorente · 8 de octubre de 2026
Babilonia, hace casi 4.000 años. Un mercader carga sus mulas y se une a una caravana para cruzar el desierto. Si los bandidos la asaltan, lo pierde todo.
El Código de Hammurabi, 282 leyes grabadas en una piedra de más de dos metros, recoge una solución: si el mercader ha financiado el viaje con un préstamo y la caravana es asaltada, la deuda queda cancelada. El prestamista asume el riesgo a cambio de un interés más alto. Hoy a ese sobreprecio lo llamamos prima.
Siglos después, los griegos llevaron la idea al mar con el préstamo a la gruesa ventura: si el barco llegaba a puerto, se devolvía el préstamo con intereses; si se hundía, no se debía nada.
Del desierto de Babilonia a una póliza de hoy, el principio sigue siendo el mismo: que nadie cargue solo con una pérdida que puede arruinarle.
Después de años en siniestros, lo que más me llama la atención es lo que sí ha cambiado. En Babilonia, el mercader demostraba el asalto jurando ante los dioses. Hoy se demuestra con fotos, facturas, informes y datos. El principio tiene 4.000 años; la forma de probar la pérdida es lo que se está reinventando, y ahí se juega el sector buena parte de los próximos años.
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